069 / 2016

Venice Architecture Biennale

Una voluntad común para encontrar otras formas de actuar, de escuchar otras voces, de proponer otros modos para el análisis y la construcción de la ciudad, conlleva que muy a menudo sea imposible saber cuál será el siguiente paso. Sin embargo, este urbanismo incierto, “blando” y deformable, tiene la capacidad de hacer propuestas extraordinarias, de ofrecer soluciones quizá subversivas, que conllevan implícito un replanteamiento de, precisamente, el día a día.


CREDITS: 

PHASE: international competition, 2016

SITE: Venice, Italy

CLIENT: Bienal española de arquitectura y urbanismo. CSCAE

TEAM:

ARCHITECTS: Ana Ábalos, Pablo Llopis

COLLABORATOR: David Antón


IT´S TIME TO RECONNECT

El urbanismo y la arquitectura se han alejado de la sociedad. Han dejado el papel definitorio de la ciudad a los sectores económicos.

Paralelamente, al ciudadano se le ha alejado de la ciudad. Su capacidad de acción e interacción urbana se ha ido reduciendo hasta encontrarnos en un contexto donde -de nuevo- toca empezar, toca replantear todos los roles, empezando por la práctica misma del urbanismo y la arquitectura.

A lo largo del siglo XX el propio habitante fue dejando de ser el elemento definitorio de la ciudad en favor de una arquitectura más orientada al automóvil y al consumo que dio lugar a una nueva configuración urbana -al urban sprawl que Venturi & Scott Brown retrataban al inicio de la década de los setenta-. Los espacios públicos para el encuentro y la convivencia social dieron paso a los centros comerciales, y los principios del pensamiento moderno fueron eclipsados por otras formas en las que la ideología quedó eliminada por el bien de la economía, por el bien del consumo. Sin embargo, durante todo el proceso, el ciudadano siguió habitando ese sistema complejo y dinámico que es la ciudad.

La actual revisión internacional del modelo de ciudad y sociedad, y la definición de un nuevo lenguaje para el espacio público, pueden leerse como la necesidad de dar una base física a la esfera pública de Habermas en un contexto local, en un contexto donde los lugares de encuentro para la definición común tienden a desaparecer.

Si entendemos la participación ciudadana no como un slogan sino como un laboratorio en tiempo real para lo urbano, comienza a resultar interesante que, más que números masivos de observadores, encontremos usuarios activos, con voluntad de participación, formación y capacidad para frenar o acelerar realidades urbanas próximas, actuando desde el consenso vecinal, y con la firme voluntad de incidir en los temas de desarrollo urbano y social que les son propios.

La activación de estos nuevos actores urbanos hasta ahora dormidos, la confrontación de sus opiniones, la duda (y el debate que la duda genera), permite hacer una lectura más completa y compleja del contexto urbano local capaz de generar modelos propios de planteamiento y organización de los recursos de proximidad.

Para la creación de estos incipientes modelos de identidad cultural es imprescindible que las distintas capas (sean institucionales o independientes) se puedan autodefinir como espacios de trabajo por sí mismas. Así, los modos de activismo político basados en primero la protesta y luego la respuesta podrán, paralelamente, concretar reformulaciones de los modelos urbanos que les permitan dialogar con las instituciones.

Este nuevo sistema de producción y experimentación urbana no siempre encuentra amparo en la realidad institucional, ya que el ritmo de las instituciones acostumbra, también, a ser ajeno a los procesos de renovación urbana y a la lógica temporal de la arquitectura y la ciudad. Sin embargo, como en cualquier ámbito de la esfera pública, es indispensable que exista un diálogo responsable como base para la construcción de la ciudad, y que no se vea al otro (sea ciudadano, político o arquitecto) como enemigo, rival o estorbo en lugar de considerarnos todos como coproductores del espacio público.

Una voluntad común para encontrar otras formas de actuar, de escuchar otras voces, de proponer otros modos para el análisis y la construcción de la ciudad, conlleva que muy a menudo sea imposible saber cuál será el siguiente paso. Sin embargo, este urbanismo incierto, “blando” y deformable, tiene la capacidad de hacer propuestas extraordinarias, de ofrecer soluciones quizá subversivas, que conllevan implícito un replanteamiento de, precisamente, el día a día.

Un laboratorio urbano en estado puro que, en este nuevo tiempo, no se puede en absoluto obviar.

La arquitectura no es autónoma. Es momento de restaurar las relaciones.

It’s time to reconnect.


Este es el caso de un parque cualquiera, en un barrio cualquiera, en una ciudad cualquiera de España. Y, sin embargo, no se trata de un lugar convencional en absoluto.

Es un espacio ubicado en el interior de una manzana abierta de ensanche que, desde su acondicionamiento inicial, hace casi treinta años, siempre intentaron evitar que se convirtiera en un parque. Sin embargo, sus árboles -tipuanas, pinos canarios, ginkgo bilobas, casuarinas, encinas, palmeras canarias y datileras, perales ornamentales, y olivos- han ido creciendo libremente hasta convertirse en un bosque urbano, un paisaje único en su distrito, compuesto por más de 150 ejemplares, muchos de los cuales además han alcanzado gran porte. De la misma manera, con el pasar del tiempo, sus usuarios se han ido apropiando del lugar haciéndolo suyo, y dándole forma hasta transformarlo en un peculiar hábitat colectivo de convivencia indispensable para el barrio. Y son ellos, los vecinos, quienes con sus reclamaciones, determinación y vigilancia han conseguido conservarlo. Primero en 2008, momento en que las protestas vecinales lograron preservar su pequeño fragmento de naturaleza cuando el ayuntamiento pretendía hacer un aparcamiento subterráneo bajo la plaza que necesariamente hubiera implicado el trasplante de todos sus árboles. De nuevo, ahora en 2015, cuando el consistorio tenía la intención de acometer un proyecto de remodelación de la plaza totalmente ajeno a la realidad de sus habitantes: los árboles y sus usuarios.

El Parque Manuel Granero es, por todo ello, y pese a sus deficiencias, un lugar especial.

Existe, una vez más, un proyecto oficial que no atiende a sus moradores. La arboleda se ve de nuevo amenazada con cambios de cota y niveles, con transplantes, con nuevas pavimentaciones, con la incorporación de suelos duros, etc. Una agresión irreversible para la red radicular que quizá no produciría la muerte instantánea del arbolado pero que con seguridad provocará su degradación y, con ella, su pérdida en pocos años. Y de la misma manera, en paralelo, se marchitará también la vida vecinal en su seno. Los espacios de uso se acotan y reducen drásticamente en el nuevo proyecto municipal con plantaciones masivas y extensivas de setos y plantas tapizantes que ocuparán los espacios que ahora son habitados por niños y adultos. Y así, el paisaje cotidiano de un barrio, su principal escenario de convivencia, súbitamente corre peligro de desaparecer con la mera intención de convertirlo en un “ajardinamiento moderno”, según indica la propia memoria justificativa del proyecto.

En este marco surge nuestra aportación al proceso vecinal. La arquitectura y el urbanismo no son la amenaza. Un proyecto reformulado, consensuado tras múltiples reuniones vecinales, y respaldado con más de tres mil adhesiones, es el instrumento que ha permitido canalizar los sentimientos latentes del barrio, revirtiendo el proceso, haciendo de la vida que se produce en su seno la verdadera protagonista de la escena. ¿Dejará de ser por ello un “ajardinamiento moderno”?

No es necesario hacer tabula rasa y construir otra plaza, sino dar un soporte adecuado a lo ya existente, reformulando los problemas existentes en nuevos escenarios de oportunidad. Si ser ciudadano es tener desarrollado el sentido de identidad y pertenencia hacia el lugar donde se interactúa socialmente, simplemente pongamos en valor esta escena urbana que se ha conformado de manera espontánea, without new spaces. It’s time to REAPROPRIATE.

La remodelación de un lugar no puede ser autónoma a su contexto social y cultural, ni ajena a un espacio de encuentro vecinal que, pese a sus deficiencias, no sólo ha sido el escenario para la vida vecinal sino el motor capaz de poner en marcha la acción. Es espacio, pero también es tiempo. Sí, es necesaria una transformación de lo cotidiano pero que no suponga perder sus raíces, sino redefinir y actualizar sus vínculos con la realidad y con su acontecimiento, without autonomy. It’s time to CONSOLIDATE.

El resultado es un proyecto cuya autoría es difícil de precisar puesto que forma parte de un ingente esfuerzo común. Una propuesta que quiere ser silenciosa, alejarse de formas, firmas o estilos, para convertirse en una herramienta de transformación que nos ayude a avanzar en un proceso abierto de investigación en la esfera urbana. Un diálogo receptivo y activo, without authorship. It’s time to COLLABORATE.

¿En qué momento se produce la separación entre arquitectura y realidad? La arquitectura tiene como objetivo satisfacer las necesidades humanas y por ello es necesariamente un producto cultural de su tiempo y no meramente un mecanismo funcional o un impulso artístico. Es tiempo de restaurar sus relaciones, es momento de volver a conectar con su realidad inmediata y, también con su contexto global.

Es momento de actuar, it’s time to RECONNECT.


Pasará el tiempo, y quizá lo que hoy nos parece lógico dentro del contexto urbano, no lo será tanto dentro de un par de décadas. Y con seguridad otras voces aparecerán que nos demostrarán que no, que no todo es perfecto. Voces que nos mostrarán la estupidez, quién sabe, de nuestras propias reglas.

Architecture determined to be UNFINISHED.